Malta: la inestabilidad dificulta la integración
20 junio 2010

En el centro sobrepoblado de Hal Far, Jean vivió en una tienda militar con otras 30 personas.
Mi mayor problema es que ya no soy quien era. No puedo hacer lo que había pensado hacer.
– Jean, 37 años, procedente de la República Democrática del Congo, es un solicitante de asilo rechazado que está en el país de forma irregular–

Voces en el Día Mundial del Refugiado

Jean1 huyó de Kinshasa en 2002, dejando atrás a su esposa y a dos hijos de 10 y 12 años. Jean tiene un título en Comunicación y ha trabajado como periodista en la República Democrática del Congo (RDC). Por sus actividades informativas sobre los acontecimientos en la RDC le amenazaron de muerte obligándole a huir del país.

Primero estuvo en Libia, pero, como cristiano negro, se encontró con grandes dificultades; fue detenido y tratado con brutalidad. Cuando lo liberaron, no tuvo otra opción que huir a otro país. Así lo describe Jean: "Viajar en barca durante tres días por el Mediterráneo para llegar a Europa, fue una de la peores experiencias de mi vida."

A su llegada a Malta en 2004, Jean recibió la orden de expulsión y fue inmediatamente detenido. Solicitó asilo apenas llegó y su orden de expulsión fue suspendida. Las autoridades rechazaron en dos ocasiones su solicitud de asilo y tuvo que pasar 18 meses detenido. Jean habla de su estancia en el centro de detención como una de las experiencias más horrorosas de su vida. No entendía porque las autoridades tenían que detenerlo. Tras su liberación, Jean recibió un documento que le autorizaba a permanecer en territorio maltés por un máximo de tres meses. Está legalmente obligado a presentarse ante las autoridades cuando termine el plazo de tres meses.

Jean vivió durante un período de tiempo en un centro abierto conocido como la Tent Village, en Hal Far, una área remota en el sur de Malta. Jean lo describe como un centro desmoralizante y desolador. Además, también se quejaba de las condiciones de vida: vivió en una tienda militar con otras 30 personas. Según Jean, el centro y su tienda estaban abarrotados, sin espacio ni privacidad. Comer y dormir: todo ocurre en esta tienda con hileras de literas entre las que la gente cocinaba su comida. "Estar en centros abiertos significa que otras personas piensan que esto ya está bien para ti. Esto reduce tu autoestima… No hay un lugar así para los malteses en Malta. De hecho, el centro abierto es el último lugar en el que querrías vivir", añade.

Para poder dejar el centro, Jean buscó empleo en el sector informal. En el momento de la entrevista, Jean vivía en un apartamento alquilado por él. Si él se gana la vida, cree que los malteses le respetarán más. En ocasiones, trabaja para contratistas de obras, un duro trabajo para un bajo salario. No puede encontrar un empleo más estable. Sus trabajos normalmente no pasan de una semana. Piensa que los malteses le respetarán más si no vive en el centro abierto y vive por si mismo.

Jean, en ocasiones, trabaja para constructores cargando piedras, en condiciones muy duras y por salarios muy bajos. No puede encontrar un trabajo fijo, por lo que sus ingresos son irregulares e inseguros: sus trabajos no duran más de una semana. Jean dice que "no puedo exigir mis derechos. Así que acepto el dinero que me dan sin quejarme." Nunca sabe si encontrará otro empleo, así que trata de gastar lo menos posible.

Jean piensa mucho en las cosas que podría hacer si obtuviera el estatuto legal. Podría intentar trabajar en algo relacionado con sus estudios. Se siente aislado de la sociedad maltesa y no tiene contactos sociales reales. Lamentablemente, Jean se siente sin perspectivas. Y como él dice, "no tengo futuro. Trato de vivir en paz, trato de olvidar que no tengo papeles. Trato de ser feliz. Mi mayor problema es que ya no soy quien era. No puedo hacer lo que había pensado hacer.

No es fácil encontrar un camino cuando todas las opciones están cerradas." Jean no pude regresar a la RDC ya que tiene miedo a lo que le podría pasar si regresa, sin embargo, nadie le ofrece la posibilidad de una nueva vida en Malta. En cualquier caso, su certificado de inmigración ha sido siempre renovado y las autoridades maltesas nunca han puesto en marcha el proceso de repatriación contra él.

1. El nombre fue cambiado para asegurar la confidencialidad.