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Rezar con los refugiados en Inglaterra: renacer mediante la generosidad
01 diciembre 2014

Una joven sentada presta mucha atención en clase, Nairobi, Kenia (Christian Fuchs / Servicio Jesuita a Refugiados)
Gemma había asimilado su historia de abuso, pero la espontánea generosidad de unos extraños le había dado la vuelta a su visión del mundo.
Londres, 1 de diciembre de 2014 - Justo antes de la Navidad de hace un par de años, visité un proyecto de apoyo a jóvenes inmigrantes no acompañados en el este de Londres. Los jóvenes que conocí ese día habían superado grandes obstáculos. Algunos habían hecho viajes aparentemente imposibles, solos, por tierra, mar y aire. Muchos habían perdido el contacto con sus familias. Algunos habían vivido en la calle y sufrido la violencia en su país, durante el viaje y en el Reino Unido. Otros habían sido detenidos y arrestados.

Sin embargo, una joven adolescente en particular me conmovió. La llamaré Gemma*.

Gemma, con frialdad y calma, me contó los abusos que había sufrido en África. Me habló de ello: de su viaje al Reino Unido; de la relación de explotación en que se había encontrado al depender de otra persona en Londres; lo que sucedió cuando fue a la alcaldía de la localidad para pedir ayuda donde le contestaron que, aunque por poco, superaba la edad; la incertidumbre de un futuro sin un estatuto migratorio legal; la desnutrición, la pobreza, la soledad, el desamparo, el miedo.

Lo contaba de una manera práctica. Me costaba escucharla. Ella ya sabía cómo enhebrar esta historia a través de los años. Era una parte de su pasado y de su identidad. Luego regresó al presente, a cómo un trabajador social del proyecto había convencido a una pequeña organización benéfica en el otro lado de Londres para que la apoyase en su educación. Era una ONG judía, sin ninguna conexión aparente con el proyecto ni con Gemma. Nunca antes se habían visto.

La entidad se apresuró a darle ropa y zapatos cuando se enteraron de las visicitudes por las que había pasado; lo hicieron para que pudiera asistir bien vestida a las entrevistas de trabajo y de la universidad. De hecho, después de ir a la entrevista con su ropa nueva, Gemma consiguió una plaza en la universidad, y la misma ONG se movilizó en busca de fondos para cubrir las tasas académicas, una tarea nada fácil para alguien considerada una "estudiante extranjera", a pesar de los muchos años que lleva en el Reino Unido.

Gemma cuenta la historia de sus años de dolor, hambre y abandono con naturalidad, sin emoción. Pero al hablar de cuando la apoyaron no puede controlar los balbuceos, las lágrimas y la perplejidad.

"¡Esta es la cosa más extraordinaria que jamás me ha pasado!", exclama.

Gemma había asimilado su historia de abuso, pero la espontánea generosidad de unos extraños le había dado la vuelta a su visión del mundo. Este regalo a cambio de nada, generoso y extraordinario, - de personas con las que ni compartía religión ni nacionalidad ni color de piel - es lo que permitió dar un giro a la historia que ella misma contó sobre su valía, su potencial, su capacidad de amar y su lugar en el mundo.

Dar sin esperar nada a cambio rehace los lazos de hermandad al transformar, curar heridas y cambiar el mundo. No puedo recordar el episodio sin sentirme superado por su sentido de la emoción, admiración y gratitud. No tenía ninguna duda de que estaba siendo testigo de la encarnación.

* Nombre cambiado para proteger la identidad

Tu reflexión
Incluso en el más sombrío y más desolado de los espacios, Dios puede entrar y transformar. ¿Dónde he experimentado esta maravilla en un acto desinteresado de generosidad? ¿En mi propia vida? ¿En la vida de otro? ¿Qué dice ese don de cómo es Dios? ¿He sido alguna vez el que da? ¿Qué se siente al cooperar con Dios?

Sarah Teather
Miembro del Parlamento Británico por Brent Central
Fundador del Grupo Parlamentario Multipartito sobre la Bahía de Guantánamo
Presidente del Grupo Parlamentario Multipartito sobre Refugiados