Unos inmigrantes llegan a Malta el 12 de octubre tras ser rescatados por las fuerzas armadas locales. (Darrin Zammit Lupi)

Roma, 22 de enero de 2014 – Es triste que tuvieran que perderse 500 vidas, en cuestión de días, para que Europa sea consciente de los peligros que enfrentan las personas que tratan desesperadamente de llegar a su territorio en busca de refugio.

El 3 de octubre, unas 370 personas murieron cuando el barco de 20 metros de eslora en el que viajaban naufragó cerca de la isla de Lampedusa, una ruta habitual de entrada de solicitantes de asilo procedentes de Libia. Otra semana después, una tragedia similar se cobraba 130 muertos más. Los sobrevivientes dijeron que el barco fue atacado al salir de Libia. Entre las víctimas había eritreos, somalíes, sirios y palestinos.

Su destino no ha sido, en absoluto, una excepción. Miles de inmigrantes mueren tratando de saltar los muros de la "fortaleza Europa". Lo que horrorizó a la opinión pública internacional de las tragedias de octubre fue su visibilidad y el alto número de víctimas.

Algunos sobrevivientes de la segunda catástrofe llegaron a la isla de Malta, rescatados por las fuerzas armadas locales. Sus historias, desgarradoras. "Murieron familias enteras", cuenta la Dra. Katrine Camilleri, directora del JRS Malta."Hubo padres que perdieron a todos sus hijos, la mayoría jovencísimos, incluso bebés; algunos, con mejor suerte, encontraron vivo a uno en Sicilia o Lampedusa, donde llevaron a los sobrevivientes".

Los líderes europeos expresaron su consternación por lo ocurrido. Sin embargo, su reacción es demasiado limitada y tardía. Los solicitantes de asilo corren estos riesgos, viajan en embarcaciones inseguras y confían su vida a traficantes sin escrúpulos, porque la Unión Europea (UE) no les deja otra alternativa. La experiencia demuestra que es casi imposible que quienes necesitan protección obtengan un visado u otros documentos para entrar en un Estado de la UE o de otro país seguro.

La Comisaria Europea de Interior, Cecilia Malmström, ha admitido que hay que pasar del actual enfoque "restrictivo" a uno "abierto y solidario". En lo que parece ser un momento inusual de examen de conciencia, el hombre que muestra el camino a seguir es el Papa Francisco, que describió la tragedia del 3 de octubre como una "vergüenza" y una "desgracia", agregando que "hoy es un día de lágrimas".

Poco antes, el Papa Francisco había hecho una advertencia profética acerca de los peligros que enfrentan los inmigrantes en su viaje. El 6 de julio, tomó la medida extraordinaria de visitar Lampedusa en su primer viaje fuera de Roma. La visita fue una clara señal de que para el Papa los llamados "inmigrantes ilegales", a menudo víctimas de la hostilidad en el ámbito público y político, son gente que importa.

En la homilía de ese día, Francisco dijo: "Los inmigrantes mueren en el mar, en barcos que eran vehículos de esperanza y se convirtieron en vehículos de muerte. Desde que me enteré de esta tragedia, ha vuelto constantemente a mí como una espina dolorosa en mi corazón. Así que sentí que tenía que venir aquí, para orar y ofrecer un signo de mi cercanía, y desafiar a nuestras conciencias para que no se repita esta tragedia. ¡Por favor, que no se repita!".

Pidió perdón por la indiferencia generalizada y para "los que por sus decisiones en el ámbito mundial han creado situaciones que conducen a estas tragedias". Meses más tarde, con la repetición de la tragedia que esperaba que no volvería a ocurrir, las palabras del Papa en Lampedusa adquieren un significado aún más poderoso: "¿Quién es responsable de la sangre de nuestros hermanos y hermanas? ¡Nadie! Hoy en día, nadie en el mundo se siente responsable".

Pero el Papa Francisco dejó claro que la Iglesia no puede ser parte de esta complacencia global, diciendo a los inmigrantes que "la Iglesia está a vuestro lado mientras buscáis una vida más digna para vosotros y vuestras familias".

Los llamamientos del Pontífice desafiaron a los líderes políticos, en primer lugar, pero también al resto de nosotros. Si sabemos establecer la relación entre nuestra acción, o inacción, y las tragedias que se producen, tal vez se tomen medidas urgentes para reducir al mínimo los peligros que enfrentan los solicitantes de asilo que llaman a las puertas de Europa. Y tal vez así cientos de personas no hayan muerto en vano.

Este artículo fue publicado en la última edición de Servir. Clique aquí para leer más.


Countries Related to this Region
Italy, Malta