Malta: 'me valoran, lo están haciendo por mí'
30 diciembre 2014

Un inmigrante en la repisa de la ventana mientras habla por teléfono en el centro de detención de Safi. (Darrin Zammit Lupi)
Para mí, un musulmán que creció en un entorno donde cristianos y musulmanes viven juntos y en paz, ha sido una buena oportunidad para descubrir más sobre cómo vivir con personas de diferentes religiones, cooperar de una manera amistosa y aprender unos de otros.
Valeta, el 30 de diciembre de 2014 – La aportación de Mohammed Idris es muy personal. Escribe como aquel refugiado que se sintió motivado a unirse al JRS por cómo éste le acompañó cuando estaba en prisión. A Mohammed, su trabajo como mediador cultural en el JRS Malta le ofrece un sinnúmero de oportunidades prácticas para acompañar a los refugiados, que a menudo se sienten perdidos en un país con un idioma y una cultura muy diferentes a la propia. Los refugiados que necesitan más ayuda son los vulnerables, que necesitan ser acompañados con paciencia y sensibilidad cultural.

Para mí, la ayuda que he recibido del JRS fue una señal de que debía dedicarme a los demás, ser voluntario para hacer mi parte. Yo estaba lleno de energía; y cuando uno recibe algo, tiene que dar algo a cambio.

Es difícil encontrar las palabras para explicar cómo me sentí cuando el personal del JRS me visitó en prisión, un lugar muy difícil; que alguien venga a verte, a hablar contigo, a preguntar por tu salud, tu caso, tus condiciones, para informarte... te hace feliz. Piensas para ti mismo: "Me valoran, lo están haciendo por mí". Incluso cuando me liberaron, el JRS siguió conmigo y continuó ayudándome.

Unirme al JRS me dio la oportunidad de transmitir a otros necesitados de ayuda la hospitalidad que recibí. El JRS me ha enseñado mucho. Para mí, un musulmán que creció en un entorno donde cristianos y musulmanes viven juntos y en paz, ha sido una buena oportunidad para descubrir más sobre cómo vivir con personas de diferentes religiones, cooperar de una manera amistosa y aprender unos de otros.

Creo que uno de los principales objetivos del acompañamiento del JRS es el compromiso con los refugiados, especialmente los vulnerables. Muchos refugiados en Malta tienen que lidiar con problemas de salud mental – gran parte de los cuales se desarrollan en prisión – mientras que otros padecen enfermedades graves o crónicas. El JRS hace mucho para acompañar a los refugiados con estos problemas. De lo contrario muchos se quedarían solos: cuando te enfrentas a grandes problemas, nadie quiere asumir la responsabilidad e incluso hay 'amigos' que se olvidan de ti. Recuerdo a un joven que llegó a Malta conmigo en 2008, una persona triste, pero muy trabajadora. Cuando todos sus amigos fueron reasentados en EE.UU., comenzó a presentar problemas de salud mental, y terminó en la calle y sin hogar hasta que nos hicimos cargo de él y lo convencí para que fuera a terapia.

Las personas que caen gravemente enfermas en un país extranjero, donde las formas de ver y tratar las enfermedades del cuerpo y la mente son radicalmente diferentes a las que uno conoce, son sumamente vulnerables. Necesitan ayuda para entender lo que se les dice y para comunicar lo que les pasa. A menudo, un abismo cultural les separa de los profesionales de la salud y esto, junto al aislamiento y a un gran miedo a lo desconocido, puede paralizarles, impidiéndoles buscar el tratamiento que necesitan y tomar las decisiones correctas.

Como mediador cultural, junto con la enfermera de JRS, traduzco, persuado a los refugiados vulnerables para que busquen el tratamiento que necesitan, explicándoles qué deben hacer, disipando sus temores y acompañándolos durante todo el proceso. Vamos a visitar la unidad de los solicitantes de asilo en el hospital de salud mental, un lugar verdaderamente impactante. Las condiciones físicas son muy duras y a muchos refugiados les resulta imposible comunicarse con el personal. Informes independientes sobre el hospital han subrayado la falta de servicios adecuados de traducción, lo que significa que el equipo médico a menudo tiene una comprensión limitada de la historia y los síntomas de los refugiados, mientras que los refugiados tienen poco o ningún conocimiento del tratamiento recibido, que podría tener efectos secundarios graves. Cuando visitamos la unidad, decimos a los refugiados que deben cooperar para ponerse bien, que no se preocupen ni se hagan daño a sí mismos, y tratamos de darles esperanza en el futuro: hoy en día es así, pero mañana... Cuando dan de alta a nuestra gente, les hacemos un seguimiento, preparamos su medicación y nos aseguramos que la toman.

Así que mi trabajo es hacer de puente entre los refugiados y los facultativos, ayudándoles a entenderse. Acompaño a los refugiados a sus citas en el hospital, hablo con los médicos y trato de convencerlos de que hagan lo que crean mejor teniendo en cuenta sus circunstancias. A veces tenemos personas que son difíciles de tratar, que no entienden, y tenemos que hacer un gran esfuerzo para ayudarlos a comprender las implicaciones de lo que el médico está diciendo. Es nuestro trabajo evitar posteriores problemas a la gente como resultado de las decisiones que tomen hoy, en cierto modo, protegerles de ellos mismos. Cuando por fin se dan cuenta de lo que está en juego, por lo general cooperan.

Recuerdo bien a una mujer embarazada que dio positivo en el VIH. Ella insistía en que quería ir al extranjero, lo que habría significado abandonar el tratamiento para prevenir la transmisión del VIH a su bebé. Intentamos detenerla por todos los medios y, finalmente, de mala gana, aceptó quedarse. Fue a sus visitas hospitalarias y la acompañé de principio a fin. Su bebé nació sin el VIH, y más tarde reconoció que si no la hubiéramos detenido cuando lo hicimos, no habría dado a luz a un niño sano.

Otra mujer se negó a tomar la medicación de urgencia porque estaba ayunando. "Cuando termine el Ramadán voy a tomar la medicina", dijo. Fue muy difícil para mí para hacerle entender que tenía que empezar a tomar su medicación de manera regular, pero después compartí algunos versículos del Corán con ella y su marido, y asumió que estaba exenta de ayunar por la enfermedad.

A veces tenemos que acompañar a los refugiados en los momentos traumáticos del diagnóstico de una enfermedad grave. Cuando eso ocurre, al principio es realmente duro; hay mucho que hacer, mucho que aceptar. Y es realmente difícil cuando se trata de alguien que está infectado con el VIH. Junto con la enfermera del JRS, le explicamos todo lo que el médico dice, le tranquilizamos diciéndole que las posibilidades de sobrevivir son altas si toma sus medicamentos correctamente y le convencemos para que se anime y siga adelante.

Poco a poco, la experiencia profesional me ha permitido hacer sugerencias a aquellas personas que acaban de conocer su diagnóstico. Su mayor temor es siempre que la propia comunidad les rechace. Tristemente, muchos refugiados pueden quedar marginados si trasciende que tienen el VIH. Empiezan a rumorear y de repente nadie viene a visitarte: esto realmente asusta a los afectados. Cuando les damos la medicación, algunos incluso dicen que "no, porque la gente sospechará que estoy enfermo". Tiran las cajas o las queman.

Cuando la gente está asustada, desorientada o preocupada, he aprendido a darles tiempo, aun cuando estén enojados, para que salgan sus sentimientos; entonces, cuando se calman, puedo hablar con ellos y pueden entender mejor.

Con el tiempo he adquirido experiencia en cómo lidiar con las cosas. Al principio, me llevaba las historias de la gente a casa, me bullían en la cabeza, y eso era muy duro. Cuando escuchaba ciertas cosas, pensaba, ¿por qué sucede esto? Después de cruzar el desierto, el Mar Mediterráneo, uno espera que podrá descansar la mente, pero se encuentra con más sufrimiento e inestabilidad. Sin embargo después de leer, adquirir experiencia, hablar con colegas y aprender de ellos, las cosas mejoraron. En el equipo, nos ayudamos unos a otros.

La nuestra no es una tarea fácil. Es sólo gracias a años de experiencia, de permanecer con los refugiados durante su estancia en Malta, que nos vamos ganando su confianza y aprendiendo cómo ayudarles efectivamente. Aportar soluciones surge de conocer detalladamente a los refugiados y sus problemas, de estar realmente presentes junto a ellos, de principio a fin.

El esfuerzo vale la pena, porque tan pronto ves que los refugiados a los que has ayudado mejoran, vienen y dicen "Has hecho mucho por mí, gracias" te das cuenta de qué trata el acompañamiento del JRS.

Mohammed Idris
JRS Europa (2009–2013)
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