Siria: la familia de voluntarios de Alepo
08 mayo 2015

Mourad Abou Seif SJ, ex director del proyecto del Servicio Jesuita a Refugiados en Alepo, habla del entorno interreligioso de su labor en medio de una crisis. (Oscar Spooner / Servicio Jesuita a Refugiados)
Compartíamos las cosas y debatíamos sobre nuestras diferencias como cristianos y musulmanes. Al compartir, se creó un vínculo entre la gente. Se descubrieron unos a otros de una manera diferente; aprendieron a amarse.
Bruselas, 8 de mayo de 2015 – Antes de que estallara el conflicto en Siria, el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) gestionaba una seriede pequeños proyectos de asistencia a los refugiados iraquíes que viven en Alepo, Damasco y Homs. Los centros del JRS eran lugares donde coincidían personas de diferentes orígenes étnicos y confesiones religiosas. Si bien las comunidades sirias convivían en paz, se percibía una sensación de distancia entre ellos, una barrera invisible. Cuando estalló la violencia en Siria, en 2011, estos centros del JRS experimentaron profundas transformaciones.

Sobrepasados por las dimensiones de la crisis, las comunidades de voluntarios de todas las etnias y religiones se pusieron de acuerdo; no solo para servir sino también para compartir, conversar e interactuar en formas que no tenían en el pasado. El responsable de comunicación del JRS en Europa, Oscar Spooner, habla de este entorno de trabajo interreligioso con Mourad Abou Seif, jesuita sirio y ex director del proyecto del JRS en Alepo entre 2009 y 2014.

¿Cómo era el proyecto del JRS cuando usted llegó a Alepo?

Al principio, contábamos con un equipo muy pequeño, que atendía principalmente a los refugiados iraquíes. Cuando llegué en 2009, eran cada vez más los musulmanes que se iban uniendo a nuestro equipo, si bien este seguía siendo principalmente cristiano.

Antes de que estallara el conflicto en Alepo, en julio de 2012, ya habíamos comenzado a recibir a desplazados de otras ciudades. No disponíamos de fondos para ayudarles, pero nos abrimos a la posibilidad de contar con jóvenes que trabajasen con nosotros. Eran estudiantes universitarios y jóvenes trabajadores. Ellos se reunieron en pequeños grupos, y se autodenominaron 'Familia de Voluntarios'. Eran laicos de todos los colores: musulmanes, cristianos, kurdos, armenios, etcétera. Los invité a venir a nuestro centro, San Vartan.

¿Cuántos voluntarios había?

Empezamos con 30, pero en dos meses ya éramos más de cien.

¿Qué pasó cuando la violencia comenzó en Alepo?

Teníamos a miles de personas en los jardines de San Vartan que habían huido de sus hogares, que o bien habían quedado destruidos o estaban en zonas de Alepo afectadas por la violencia. Así que nuestro equipo corrió a ayudarles. Abrimos las escuelas y se las ofrecimos como vivienda. Las escuelas habían quedado vacías porque era verano, y el gobernador accedió a abrirlas para estas personas. En dos semanas nos encontramos que éramos responsables de once escuelas, cada una alojando entre 300 y 400 personas.

¿Y sus hogares habían sido destruidos?

Exactamente.

¿Cómo organizaron las actividades del JRS en Alepo?

Organizamos nuestras actividades junto a otras entidades de la ciudad y con la Media Luna Roja Árabe Siria [SARC, por sus siglas en inglés]. Con la SARC, dividimos la ciudad en sectores; cada organización era responsable de las personas que llegaban a sus sectores.

Entre 2013 y 2014, el número de familias que llegaron a nuestro centro para conseguir una cesta de alimentos aumentó de 1.000 a 12.000 al mes; en total, unas 60.000 personas.

¿Qué le supuso como director?

A pesar de que el personal del JRS atendía mayoritariamente a musulmanes, el equipo era en su mayoría cristiano. Cuando empezamos a recibir gente [voluntarios y voluntarias], no lo sabíamos, muchas de ellas eran musulmanas, fue un gran cambio para nosotros. A veces, yo estaba un poco preocupado por la interacción entre los voluntarios más antiguos [principalmente cristianos] y los recién incorporados [principalmente musulmanes].

Muy pronto, sin embargo, todo fue poniéndose en su lugar ya que nuestros voluntarios musulmanes comenzaron a ver el centro del JRS como su propia casa.

Oí a uno de nuestros voluntarios musulmanes hablar con sus amigos que trabajan en otra entidad, una agencia musulmana. El voluntario del JRS dijo algo así como "en mi casa, lo hacemos de otra manera, porque nuestra relación es diferente". Me pareció fascinante. Tener a un muchacho musulmán diciendo que una organización de la iglesia era 'su casa' fue motivador. Después de eso, cambié; me abrí, dándoles [a los musulmanes] la posibilidad y la libertad de hacer cosas.




¿Qué hacía esta familia de voluntarios? ¿Cómo trabajan juntos?

Teníamos equipos de emergencias, de actividades recreativas, educativas y de salud. Contábamos con grupos que visitaban a la gente en nuestros centros y en la calle; les acogían y hablaban con ellos.

Cada noche, los equipos se reunían juntos en el club y compartían, jugaban y hablaban. A veces también llorábamos porque habíamos visto algo terrible o difícil. Compartíamos las cosas y debatíamos sobre nuestras diferencias como cristianos y musulmanes. Al compartir, se creó un vínculo entre la gente. Se descubrieron unos a otros de una manera diferente; aprendieron a amarse.

¿Significa eso que antes del conflicto no había mucha interacción entre cristianos y musulmanes?

Sí que había, pero no era a ese nivel. Nos conocíamos en la escuela, en la universidad o en el trabajo, pero no habíamos vivido una experiencia de este tipo.

¿Qué les diría a los europeos sobre el conflicto de Siria?

Lo que está ocurriendo ahora en Siria es el resultado de muchos años de injusticia e ignorancia de unos respecto a otros. Es por eso que unos y otros se tienen miedo, porque no se conocen entre sí. Esta injusticia ha dado lugar a una gran agresividad acumulada.

En Siria, estamos muy lejos de Europa, y, sin embargo, muy cerca de los europeos. Ahora, aquí en Europa, se habla de que 2.000 personas están cruzando cada día las fronteras de manera irregular: son refugiados de Oriente Medio que cruzan desde Turquía a Grecia y a otros países europeos.

Si el conflicto sigue así, será un desastre para todo el mundo. El conflicto ha generado una gran cantidad de violencia, muchos extremistas, y realmente la nueva generación de sirios está en peligro. Tenemos que hacer algo.

Hay una gran cantidad de jóvenes que trabajan ahora por la paz en Siria, pero si el conflicto continúa, vamos a perder cada vez más de estas personas.

¿Tiene algún recuerdo particularmente especial, bueno o malo, de su trabajo en Alepo?

Tengo un montón de buenos recuerdos, que no fueron fáciles, pero buenos. A veces hemos tenido experiencias muy difíciles; ver a la gente sin comida, ni ayuda, ni esperanza es duro y difícil de soportar. Pero, al mismo tiempo, ver que nuestra relación es hacer el bien, brindar a la gente un poco de esperanza, paliar su sufrimiento, dio sentido a mi vocación, a mi ser humano, a mi vida.